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sus 1,7 millones de habitantes, sólo 200.000
son originarios, el resto, inmigrantes o expatriados.
La renta per cápita es una de las más
elevadas del mundo, con cerca de 60.000 dólares
al año (léase: la relación que
hay entre el Producto Interno Bruto y la cantidad de
habitantes de un país). También es
una de las fuentes de petróleo y de gas más
cuidadas por occidente. Y la de la cifra más
alta del planeta en emisiones de CO2 por residente.
Es una monarquía absolutista con una sociedad
de leyes muy conservadoras en las libertades femeninas,
la pena de muerte, la homosexualidad y los derechos
sindicales o políticos de los trabajadores inmigrantes.
Este diminuto país por extensión, pero
rico en petrodólares y cercado por Irán,
Irak y Arabia Saudí, lucha para existir y adquirir
notoriedad global. Y en esta ruta, el deporte se
convierte en la estrategia para lograrlo. Los herederos
y próximos del emir jeque Hamed bin Jalifa al
Thani han tomado la propiedad de las empresas del fútbol
PSG, de Francia; Málaga, de España;
de los derechos del aviso que identifica a la marca
del club con más notoriedad mediática
en el mundo, el FC Barcelona, por los que pagó
180 millones de euros en seis años para generar
ruido positivo sobre la fundación con la que
proyecta al mundo sus avances en educación, ciencia
y desarrollo comunitario: Qatar Foundation.
También es la sede del primer circuito de
tenis ATP, el Open de Doha, y del Tour ciclístico
de Qatar bajo la logística y el arquetipo Tour
de France. Además recibe una etapa del prestigioso
Global Champion Tour en equitación; en
el 2015 será la casa del mundial de balonmano
masculino. Pero la máxima gestión
de la monarquía absoluta de los Al Thani, será
el Mundial de Fútbol FIFA 2022. Un
reto para el pequeño país desértico
que deberá construir estadios cubiertos y climatizados
con los cuales soportar las temperaturas que rozarán
los 50 grados. ¿Qué hay detrás
de toda esta estrategia de visibilidad mediática
global? |